lunes, 30 de marzo de 2020

Diario #YoMeQuedoEnCasa 29/03/2020

Ayer cumplimos las dos semanas de confinamiento que se habían decreto inicialmente, y que, como todos sabemos, se han prologado dos semanas más, hasta el sábado 11 de abril. A pesar del desgaste que ello supone, también ocurren cosas positivas, que hacen que te des cuenta que no todo es negativo, que vale la pena. Ayer domingo ocurrieron tres, que paso a comentar en orden cronológico.

Llevamos ya dos fines de semana en que mis amigos Manuel, Orietta y yo, junto a nuestras familias, hacemos un aperitivo virtual, y nos echamos unas risas. Ayer nos volvimos a ver. Esta vez fue un aperitivo "a la italiana", por la tarde. A quién se le ocurre llamar "aperitivo" a una cerveza tomada a las siete de la tarde... Nos reímos mucho. Hicimos unos cuantos pantallazos del momento. No quiero usarlos para ilustrar este post porque son infumables. Los tres tenemos una reputación, y la perderíamos inmediatamente si pudierais ver nuestros caretos.

En la noche del sábado al domingo se adelantaron una hora los relojes, de manera que ayer, cuando salimos al balcón a las 20h a aplaudir a los sanitarios, era de día aún, por primera vez desde que hacemos este tributo. Fui testigo de un acontecimiento muy hermoso. Mientras aplaudíamos, por la calle pasaba una persona sin techo tirando de un carro de la compra. Se paró y se dirigió a una vecina. Le decía que no había podido comprar leche porque ya no quedaba, y le enseñó las fotos de sus hijos. La vecina no lo dudó. Entró en su casa, cogió un par de bricks de leche, y se los tiró desde su balcón. Yo tenía el móvil en la mano, pero desgraciadamente estaba demasiado sorprendido para reaccionar y hacer fotos. Ojalá hubiera capturado el momento de la conversación. Sólo pude hacer la foto en la que ya se alejaba esta persona, la que ilustra entre post. Cuánto lo siento. Un momento para reflexionar, sin duda.

Por la noche hablé con mi primo Carlos. De todos los primos que tengo, es el más especial para mí. Estamos muy unidos. Anoche me contó que ha pasado el coronavirus, solo junto a sus cuatro hijos pequeños, en su casa, en un pueblo  de la sierra de Madrid. Me contó que pasó tres días muy críticos. Me contó que no quiso contar la gravedad de sus situación a su familia, por no preocuparlos, y sobre todo, por evitar que alguien subiera a por los niños, y se pudiera contagiar. No sé si actuó bien, o mal. Puede ser que fuera imprudente. Afortunadamente, ha salido de ésta. Anoche, mientras me lo contaba y me imaginaba lo mal que lo había pasado, me di cuenta que le quería, y que nunca se lo había dicho. Tampoco se lo dije anoche. Si lo hacía, me iba a emocionar, y sentí vergüenza. Soy un tipo duro. Aprovecho estas líneas, primo, para decirte que te quiero mucho.

Termino contando que hoy se ha publicado en la web de La calle Es Nuestra un artículo que he escrito reflexionado sobre lo que para mí están suponiendo la fotografía en estos días de confinamiento. Si fuera un tio cursi, diría que es muy bonito. Como no lo soy, os diré que está bien, que merece la pena leerlo. Es un artículo sincero. Estais invitados a hacerlo.

Prometo que los próximos posts no serán tan largos, pero es que el de hoy lo merecía.

Un días más confinados, un día menos para que esto acabe. #YoMeQuedoEnCasa. 






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